Las groserías son expresión de nuestras emociones

Octavio Paz, en su laureada obra,” El laberinto de la soledad”, menciona que la angustiosa tensión que anida en el interior de los mexicanos, se expresa en una frase que nos viene cuando la cólera, la alegría o el entusiasmo nos lleva a exaltar nuestra condición de mexicanos : ¡ Viva Mexico, hijos de la chin..da!


Las malas palabras, obscenas, groseras, vulgares y maldiciones, son palabras tabú, prohibidas por algunos, odiadas por otros, pero no ignoradas por nadie…..¿exclusivas de la gente con poca o ninguna educación ?.
Sin importar edad, género y nivel económico, las malas palabras están presentes en nuestra vida cotidiana. Las groserías, tienen funciones comunicativas que difícilmente pueden lograrse con otro medio linguistico, por ejemplo, ¡a huevo! se utiliza como una expresión afirmativa para decir “seguro que sí”, “por obligación” , “forzadamente”.
Desde que cumplimos 11 años, empleamos palabrotas de manera intensiva y extensiva, por tanto escucharlas de los adolescentes y adultos, y que decirlas tiene une efecto catártico (de purificación), lo que nos permite concluir que su uso se ha incrementado respecto a épocas anteriores.


Cualificando las groserías o majaderías( por recato y respeto a nuestros lectores, no las denominamos) pero se pueden dividir en : insultos sexuales, relacionados a desechos humanos, órganos sexuales, blasfemias, ofensas incestuosas, prostitución, términos racistas, enfermedades físicas y mentales, funciones fisiológicas que avergüénzan, nombres de animales aplicados a personas e insultos homofóbicos.
En fin, decir groserías, es un fenómeno dé habituación y precariedad de vocabulario.

 

Coprolalia, una tendencia patológica

La tendencia patológica a decir obscenidades, se denomina Coprolalia (palabra que procede del vocablo griego “copros” cuyo significado es excremento y “lalia” es balbucear).

Las malas palabras son la expresión más natural, simple y espontánea ; es de comunicación cotidiana, pero su abuso en el empleo de las groserías empobrece al español y la imagen personal, como también a cualquier idioma.

Comenzamos a decir palabrotas desde los 10 años, dominando sus múltiples significados, siendo los adolescentes quienes emplean de manera intensiva y extensiva.

En épocas anteriores, se decía que  solo la clase obrera las utilizaban , pero hoy en cualquier reunión de  amigos, de familiares y de profesionistas , es decir la gente *educada y rica* tambien se escucha con frecuencia y sin recato.

En sus usos literarios, hay un verbo que es muy controversial y que fué objeto de análisis del nobel mexicano de literatura, Octavio Paz,  siendo este “chin…r”, que lo abordó en su obra “El laberinto de la soledad” en la cual analiza el porqué usamos tanto esta expresión en el país, y también sostiene en su ensayo la “cultura matriotera”, del uso que le damos a la palabra madre, utilizada tanto para enaltecer algo como para desvalorizar, de minimizarlo en extremo.

El uso de las palabrotas  denotan un estado anímico, son parte se nuestra identidad, son cotidianas,  espontáneas , ofensivas, las decimos como respuesta ante un acontecimiento inesperado, como  sinónimos de golpe, como adjetivos superlativos y calificativos de insultos muy usados para enviarte a lugares distantes,   ofensas incestuosas, insultos homofobicos y racistas. y partes de órganos sexuales.

En conclusión hablar o escribir groserías, son la expresión de nuestras emociones, que denotan un estado de ánimo, que puede ser liberadora y catártica, pero nunca pueder ser la norma sino la excepción.