¿No te acuerdas de mi?

Es el caso de quien nos saluda afectuosamente y pese a que ni recordamos su rostro, mucho menos somos capaces de recordar el nombre, ni situarlo en escenas de nuestro pasado.
Dicen que eso pasa con la edad pero empieza a ser preocupante, y temo que nadie se librará de esta zozobra,
Es muy común “retar” al preguntado y colocarlo en situación incómoda. No todo el mundo tiene la misma amplitud de círculos sociales ni “disco duro” de memoria y por ello lo ideal y cortés es saludar presentándose uno mismo.
Ahora bien, lo cierto es que de buena fe y sin ánimo de molestar, muchas personas se te acercan y te preguntan si les recuerdas. Es un momento angustioso, puesto que lo cómodo es contestarle con una respuesta franca y fría, “Perdoname, no te recuerdo”, aunque puede ser desconsiderado o humillante para el que pregunta.
Es un momento fugaz, tú puedes ver el semblante suplicante de quien te pregunta y él no puede ver la zozobra que se agita en tu interior por no recordar su identidad. En esos instantes, tu cerebro galopa buscando angustiosamente pistas en la indumentaria, en el gesto , tono de voz o marcas.
Si deseas ser cortes, otra solución es el contraataque: “Claro que sí, pero… ¿a que tú no recuerdas donde nos vimos la última vez? (Así intentamos obtener una pista salvadora con su respuesta).
Una solución más es la evasiva y con ligera hipocresía,“¡qué alegría volver a saludarte!” (lo que quizá puede llevar a la perplejidad del interlocutor si sabe que la relación en el pasado fue episódica o tensa).
Lo cierto es que se plantea un dilema moral a la hora de responder a la pregunta incómoda de “si le reconocemos”.
O también podemos utilizar una mentira piadosa, con el consiguiente riesgo: “¡Claro, como no te voy a reconocer!”.
La ultima opción es decir la verdad ofensiva, que resulta descortés: “Ni idea, discúlpame”.
Cuando eramos jovencitos recordabamos caras y nombres con nitidez y apodos de forma espontánea. Conforme maduramos, los nombres van borrándose y quedan los rostros. Y algo me dice que con el envejecimiento se borrarán de la memoria los rostros y los nombres.
Este fenómeno es debido a que el cerebro pese a la leyenda de su potencial ilimitado, y por algún mecanismo autónomo procede a seleccionar los recuerdos que deben conservarse y los que deben eliminarse, que pasan a una especie de almacén remoto o segundo plano (en ese ámbito solo pueden rescatarse con “ganchos” de relaciones o asociaciones de ideas ).

El recuerdo sensible, todos sabemos que en los tiempos de la Universidad, el recordar se facilita mediante trucos nemotécnicos o asociaciones naturales y llamativas (por ejemplo es difícil olvidar a quien nos presenten como “El Orejudo” si además tiene unas enormes orejas como Dumbo). .
De ahí que en la infancia y adolescencia suelen vivirse nuevos conocimientos y situaciones, lo que lleva a que el cerebro tenga anclados nombres y rostros (del colegio, de la Facultad, del club deportivo,etc). Sin embargo, cuando la rutina se instala como consecuencia de la mayor edad, y cuando el cerebro se sorprende menos, o cuando espera menos de las personas que le presentan, se produce el relajamiento de la mente y no se presta tanta atención al nombre.
Por eso, en las reuniones, jornadas, congresos y eventos profesionales, es útil el “gafete” o tarjeta identificativa, con el que cada uno exhibimos el nombre, cargo y origen.
Sin embargo, con el tiempo no tardará en llegar el día en que la organización de un evento, facilite el mismo día de llegada y recepción, una clave o “sistema de reconocimiento facial” de los asistentes, de manera que cualquier participante pueda apuntar discretamente su Smartphone a la persona a distancia y ver en pantalla su identidad, nombre, apellidos y cargo.
Por ultimo, ofrezco mis disculpas a aquéllas personas que amablemente alguna vez se han dirigido a mí y no he podido corresponderles con la mención de su nombre de pila,
Y es que digámoslo claro, es normal no reconocer los nombres (incluso hasta resulta propio de higiene mental en algunos casos en que recuerdo la cita de Cervantes porque hay personas “de cuyo nombre no me quiero acordar”).
Lo que resulta mas preocupante es no recordar……. ¿cómo me llamo?

Una enfermedad triste

 

Recientemente asistimos a un acto en honor y memoria de un ilustre ex gobernador del Estado, el cual reunió a funcionarios, personajes de administraciones estatales pasadas,  empresarios en nuestra comunidad y  amigos.

Uno de ellos, a la distancia estaba  en silla de ruedas acompañado por su hija , y a quien no veía por mucho tiempo, me acerqué a saludarlo, y encontré uno muy distinto al que conocía, ya no era el amigo político,  elocuente, alegre, culto,  interesante narrador de leyendas urbanas e históricas  del Estado, todavía conservaba su buen color facial, por el contrario,  muy delgado,  sin cognición, y repitiendo.. ¨mucho gusto¨…con una leve sonrisa, y una  retraída mirada que indicaba una búsqueda en el pasado,… Quien es?

Pensé en mi interior, es posible que sea la enfermedad mas triste, la que hace olvidar los recuerdos mas bonitos, los mas alegres pero  también los mas tristes, una enfermedad neuro-degenerativa, tuve sentimientos de sorpresa y tristeza.

De regreso a mi hogar, impactado por el estado de salud de mi amigo, pensé que muchos de nosotros perdemos y olvidamos cosas, citas, nombres, datos varias veces día.

¿Como saber cuando se trata de una distracción y cuando un problema de salud?

Los neurólogos afirman que la memoria alcanza su punto máximo a los 20 años, eso explica por qué es más fácil aprender un idioma o estudiar una carrera cuando somos más jóvenes. A partir de ahí nuestra capacidad va disminuyendo en una línea “bastante recta”. Así que nuestra memoria a los 30 y a los 40años  ya no es tan buena como a los 20.Y ciertamente para cuando alcanzamos los 60, 70 y 80 años casi todos los adultos saludables tendremos alguno de estos problemas.

Según los neurólogos, con la edad se producen tres cambios en la memoria que se consideran normales y forman parte del proceso natural de envejecimiento.

El primero es que la gente empieza a necesitar que a veces le repitan algo varias veces para poder almacenarlo en la memoria.

El segundo es que, cuando intentamos recuperar un recuerdo, a medida que envejecemos, tardamos un poco más en conseguirlo: nos lleva más tiempo “encontrar” esa información.

Y el tercero es que a veces necesitamos una pista para poder recuperarla.

En un envejecimiento “normal” si la información entró correctamente a nuestro almacén de memoria deberíamos poder acceder a ella.

 En realidad no es tan fácil para una persona identificar qué cambios en su memoria son “normales” para su edad y cuáles no.

Lo que el neurólogo recomienda, si tienes dudas, es preguntarle honestamente a tus amigos o familiares qué piensan, para saber si ellos han notado algún cambio en tu memoria.

En general, una alarma es cuando tendemos a repetir, a hacer las mismas preguntas constantemente o a contar las mismas historias una y otra vez sin darse cuenta de que están repitiendo esa información.

La otra es cuando alguien pierde la capacidad de hacer algo que antes sí podía hacer, como manejar  cuentas y habilidades de lectura, musicales e idiomas.

Después de estas definiciones , empece a  practicar Sudoku, un juego matemático.

En memoria de un amigo

Han transcurrido años que nuestros hijos pasaron por la adolescencia, lo que nos dio la oportunidad de convivir con sus amigos, desde el inicio de sus estudios y con la mayoria de ellos hemos continuado conviviendo en la actualidad.
Hoy me vor a referir a uno de ellos, quien por circunstancias de trabajo llegaron a vivir en el mismo pueblo de Rio Rico en Arizona, me refiero a Gerado Ritz Haberman, les narro que durante las varias visitas que hicimos a mis hijos , siempre teníamos la satisfaccion de saludarlo, ya que esta situacion de habitar en esta pequeña ciudad, ellos compartían frecuentemente reuniones en famiia y amistades.. Ahi me di cuenta de que Gerardo era un magnifco conversador, enterado de muchos topicos, no solo de la comercializacion de productos agricolas, ya que trabajaba en la distribuidora familiar “Ritz”, .
Gerardo, sobrado de prudencia, culto en el lenjuage, limitado en la ingerencia de bebidas alcoholicas, y muy cuidadoso en su dieta alimenticia, no comía carnes rojas, y si muchos vegetales.
Un joven empresario, responsable con su trabajo y su familia, por eso su muerte es un impactacto para todos, esposa, familia y amigos.
Lo más característico de una muerte inesperada es la lucha con la sensación de irrealidad. Es muy habitual que, tras un fallecimiento repentino de un amigo de toda la vida, y en su floreciente juventud , nos causa tristeza y confusion.
La forma del deceso inesperado, una muerte subita, conmovió a sus compañeros de viaje quienes no podían sobreponerse al infortunio,ya que por las buenos habitos mencionados, su muerte es ilogica.

Mis hijos y nosotros sufrimos la perdida de una gran amigo, descanse en paz en el jardin celestial.