Coprolalia, una tendencia patológica

La tendencia patológica a decir obscenidades, se denomina Coprolalia (palabra que procede del vocablo griego “copros” cuyo significado es excremento y “lalia” es balbucear).

Las malas palabras son la expresión más natural, simple y espontánea ; es de comunicación cotidiana, pero su abuso en el empleo de las groserías empobrece al español y la imagen personal, como también a cualquier idioma.

Comenzamos a decir palabrotas desde los 10 años, dominando sus múltiples significados, siendo los adolescentes quienes emplean de manera intensiva y extensiva.

En épocas anteriores, se decía que  solo la clase obrera las utilizaban , pero hoy en cualquier reunión de  amigos, de familiares y de profesionistas , es decir la gente *educada y rica* tambien se escucha con frecuencia y sin recato.

En sus usos literarios, hay un verbo que es muy controversial y que fué objeto de análisis del nobel mexicano de literatura, Octavio Paz,  siendo este “chin…r”, que lo abordó en su obra “El laberinto de la soledad” en la cual analiza el porqué usamos tanto esta expresión en el país, y también sostiene en su ensayo la “cultura matriotera”, del uso que le damos a la palabra madre, utilizada tanto para enaltecer algo como para desvalorizar, de minimizarlo en extremo.

El uso de las palabrotas  denotan un estado anímico, son parte se nuestra identidad, son cotidianas,  espontáneas , ofensivas, las decimos como respuesta ante un acontecimiento inesperado, como  sinónimos de golpe, como adjetivos superlativos y calificativos de insultos muy usados para enviarte a lugares distantes,   ofensas incestuosas, insultos homofobicos y racistas. y partes de órganos sexuales.

En conclusión hablar o escribir groserías, son la expresión de nuestras emociones, que denotan un estado de ánimo, que puede ser liberadora y catártica, pero nunca pueder ser la norma sino la excepción.

Después del terremoto.

Últimamente he escuchado frecuente el término “resiliencia,” en conversaciones con amigos y noticieros y prensa, recordando que en preparatoria era un tema de física.

En términos simples, en la actividad mecánica, se llama resiliencia de un material elástico a la capacidad de memoria para recuperarse de una deformación, producto de un esfuerzo externo que la provocó, es la resistencia a una colisión.

En concordancia, actualmente este vocablo a menudo nos llegan, a través de diferentes medios de comunicación, imágenes y contenidos sobre situaciones de vida realmente adversas, trágicas dónde sin embargo, muchas de las personas que viven en ella logran superar dicha situación y recuperar o conseguir una vida considerada normal.

La resiliencia es por tanto el fruto de la interacción entre el individuo y su entorno. Una persona es definida como “resiliente” cuando viviendo, o habiendo vivido, en una situación de riesgo, exclusión, o traumática como el terremoto, es capaz de superar la adversidad.

Por lo general nos rendimos fácilmente a la depresión y no ejercemos la madurez suficiente para resolver nuestros propios problemas, por eso la resiliencia en su ámbito psicológico, es la disposición positiva de los seres humanos para asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

La palabra “resiliencia” deriva de la voz latina “resilio” que significa saltar hacia atrás, retroceder. Aunque parezca una paradoja, bastantes personas tienen la capacidad de salir fortalecida tras pasar una experiencia traumática como el terremoto.

Te ofrezco una disculpa.

El perdón, se ruega y se suplica, pero no se ofrece.

Ofrecerle una disculpa a quien es nuestro ofendido tiene quizá que ver con una irresponsable tendencia de ofrecer lo que no se tiene o no se puede dar.

No importa que se cometa  por ignorancia, esta imprecisión del lenguaje denota una actitud irreverente,  pues confunde los papeles entre quien comete una ofensa y el ofendido.

Ésta es una relación unidireccional, que distingue claramente a quien es culpable de haber cometido una ofensa, de aquel que recibió el maltrato, quien es el único que posee el don de otorgar el perdón.

Existe una frase que se repite una y otra vez en las reuniones de amigos: «Te ofrezco una disculpa».,  en el fondo existe buena voluntad por parte de quien profiere tales cortesías; pero, bien visto, se está insultando por doble partida, pues la disculpa es algo que debe solicitar humildemente aquel que hirió o abusó y que sólo puede conceder el ofendido, por lo que si el que ofende ofrece una disculpa, estrictamente deberá entenderse que no sólo no se siente mal por lo que hubiera hecho, sino que además le concede al ofendido el privilegio de disculparle de las ofensas que hubiere infringido, aunque ni aquél ni éste sepan aún en qué consisten exactamente.

Extraña costumbre de nosotros,  de ofender y luego disculpar al ofendido, ¿no creen?