Hole in one, un golpe aleatorio

Esta vez narro algo diferente, para cambiar el tema de las elecciones y nombramientos del próximo gobierno que nos abruman, y consiguen comentarios sarcásticos o muy pocos serios.

Es un suceso deportivo en el campo de golf del Country Club de Culiacán, hay quienes afirman que un golpe perfecto y que con una cuota de suerte, se puede lograr el ansiado hoyo en uno (ace en inglés o As en español) en general es así y eso no admite replicas.

Sucede cuando un jugador de golf juega un hoyo embocando la bola en un solo golpe, generalmente en un hoyo par 3, el vocablo “ Par”  deriva del inglés: ( Professional Average Result) que es el número estipulado de golpes en el cual se ha de jugar un hoyo de golf, puede ser par 3, par 4 o par 5, dependiendo de su distancia y dificultad. El par siempre incluye un golpe desde la plataforma de salida y dos putts (golpe corto) arriba en el Green, en el tránsito haces los golpes de acuerdo a tu habilidad o impericia.

Hacer un hoyo en uno requiere muchos años de jugar golf, en  promedio se necesita que un golfista juegue durante 24 años para lograr un hoyo en uno, mi suerte fué a los 26 años de practicar este deporte, en el hoyo 2 par tres, con una distancia de  140 yardas, y con dos trampas de arena a cada lado en la entrada  y otra el parte posterior izquierda del green, utilizando un  hierro 7 logré que la bola después de un tiro elevado aterrizaba en el green y empezó a rodar tres metros justo al hoyo, mi Caddie Saúl, es joven y tiene mejor  vista a distancia, fue el que brincó de alegría, y  me dio la noticia y nos abrazamos de jubilo, mis  cuatro compañeros apenas iban caminando a sus diferentes posiciones de sus bolas, solo dos vieron la trayectoria de mi tiro.

Hoyo en uno es algo que los golfistas no consigan en toda una vida jugando al golf. Conseguir un hoyo en uno requiere una gran dosis de suerte y  así que no es de extrañar que a menudo requiera experiencia, mucha práctica en conocer las distancias que cada bastón de madera o acero normalmente te dan en el campo.

Si tienes suerte, la mayoría de los “hoyos en uno” se hacen, por supuesto,  en los hoyos par 3,

está estipulado que un jugador profesional o un amateur avanzado juegue un hoyo par 3 con un golpe desde el tee de salida para alcanzar el green y 2 putts para embocar, cuando se emboca la bola en un solo golpe se denomina Hoyo en uno (Hole in one).

De acuerdo con la revista Golf Digest, las probabilidades de un jugador Profesional de Golf de golpear un hoyo en uno es de 1 en 3.756. Las probabilidades de un jugador amateur con handicap bajo( ventaja en golpes que recibe un jugador en función de su nivel de juego) es aproximadamente  a 1 en 5000, para un amateur con handicap alto, como el suscrito, la cifra es 1 entre 13,500 golpes.

Es un recuerdo feliz con mis amigos Luis Guillermo Echevarria, Jesús Enrique Peña, Antonio Humberto Vega y Abelardo Gomez, quienes compartieron y fueron testigos de mi inolvidable hazaña.

Una anécdota para mis queridos nietos.

Cada uno es dueño de su propia historia.

Cada uno es dueño de su propia historia.

 Admiro las personas que tienen una historia, esta es una de ellas: 

Lorena, es casada y con una niña de dos años. Su infancia se desarrolló en una familia disfuncional : padre alcohólico, obvio irresponsable,  la madre una mujer maltratada y con depresión durante toda su vida. Sus recuerdos de infancia se mezclan con imágenes alegres en la escuela y escenas de terror cuando oía a su padre abrir la puerta : las agresiones frecuentes y también los insultos.

Cuando tenía ocho años, los padres se separaron y a los dos años, la madre murió de cáncer. Lorena fue entonces recogida por la abuela materna.

Lorena, actualmente ha podido formar su propia familia y es cajera en gran almacén, es una persona feliz y goza de buena salud emocional. Es un gran ejemplo, a pesar de haber tenido una familia con ambiente tóxico y negativo, gracias al esfuerzo de su abuela y de ella misma ha sido capaz de ser feliz emocionalmente.

Lorena no permitió que el pasado formara  parte de su presente.

Después de esta ejemplar persona  emocionalmente resistente, en contraparte, hoy el vacío familiar es un reflejo del hastío en nuestras vidas, que provoca un empobrecimiento intelectual y  adormecimiento del pensamiento.

La falta de autoridad e indiferencia en la familia, tiene como resultado  del desorden  creciente….. Se multiplican los divorcios, los suicidios, homicidios, abortos, el hastío existencial, las infidelidades, el culto al cuerpo, la veneración al dinero, la adoración al hedonismo, la pornografía, la homosexualidad, etcétera. Todo se lleva a cabo bajo la  palabra: libertad, más bien libertinaje.

¿No te acuerdas de mi?

Es el caso de quien nos saluda afectuosamente y pese a que ni recordamos su rostro, mucho menos somos capaces de recordar el nombre, ni situarlo en escenas de nuestro pasado.
Dicen que eso pasa con la edad pero empieza a ser preocupante, y temo que nadie se librará de esta zozobra,
Es muy común “retar” al preguntado y colocarlo en situación incómoda. No todo el mundo tiene la misma amplitud de círculos sociales ni “disco duro” de memoria y por ello lo ideal y cortés es saludar presentándose uno mismo.
Ahora bien, lo cierto es que de buena fe y sin ánimo de molestar, muchas personas se te acercan y te preguntan si les recuerdas. Es un momento angustioso, puesto que lo cómodo es contestarle con una respuesta franca y fría, “Perdoname, no te recuerdo”, aunque puede ser desconsiderado o humillante para el que pregunta.
Es un momento fugaz, tú puedes ver el semblante suplicante de quien te pregunta y él no puede ver la zozobra que se agita en tu interior por no recordar su identidad. En esos instantes, tu cerebro galopa buscando angustiosamente pistas en la indumentaria, en el gesto , tono de voz o marcas.
Si deseas ser cortes, otra solución es el contraataque: “Claro que sí, pero… ¿a que tú no recuerdas donde nos vimos la última vez? (Así intentamos obtener una pista salvadora con su respuesta).
Una solución más es la evasiva y con ligera hipocresía,“¡qué alegría volver a saludarte!” (lo que quizá puede llevar a la perplejidad del interlocutor si sabe que la relación en el pasado fue episódica o tensa).
Lo cierto es que se plantea un dilema moral a la hora de responder a la pregunta incómoda de “si le reconocemos”.
O también podemos utilizar una mentira piadosa, con el consiguiente riesgo: “¡Claro, como no te voy a reconocer!”.
La ultima opción es decir la verdad ofensiva, que resulta descortés: “Ni idea, discúlpame”.
Cuando eramos jovencitos recordabamos caras y nombres con nitidez y apodos de forma espontánea. Conforme maduramos, los nombres van borrándose y quedan los rostros. Y algo me dice que con el envejecimiento se borrarán de la memoria los rostros y los nombres.
Este fenómeno es debido a que el cerebro pese a la leyenda de su potencial ilimitado, y por algún mecanismo autónomo procede a seleccionar los recuerdos que deben conservarse y los que deben eliminarse, que pasan a una especie de almacén remoto o segundo plano (en ese ámbito solo pueden rescatarse con “ganchos” de relaciones o asociaciones de ideas ).

El recuerdo sensible, todos sabemos que en los tiempos de la Universidad, el recordar se facilita mediante trucos nemotécnicos o asociaciones naturales y llamativas (por ejemplo es difícil olvidar a quien nos presenten como “El Orejudo” si además tiene unas enormes orejas como Dumbo). .
De ahí que en la infancia y adolescencia suelen vivirse nuevos conocimientos y situaciones, lo que lleva a que el cerebro tenga anclados nombres y rostros (del colegio, de la Facultad, del club deportivo,etc). Sin embargo, cuando la rutina se instala como consecuencia de la mayor edad, y cuando el cerebro se sorprende menos, o cuando espera menos de las personas que le presentan, se produce el relajamiento de la mente y no se presta tanta atención al nombre.
Por eso, en las reuniones, jornadas, congresos y eventos profesionales, es útil el “gafete” o tarjeta identificativa, con el que cada uno exhibimos el nombre, cargo y origen.
Sin embargo, con el tiempo no tardará en llegar el día en que la organización de un evento, facilite el mismo día de llegada y recepción, una clave o “sistema de reconocimiento facial” de los asistentes, de manera que cualquier participante pueda apuntar discretamente su Smartphone a la persona a distancia y ver en pantalla su identidad, nombre, apellidos y cargo.
Por ultimo, ofrezco mis disculpas a aquéllas personas que amablemente alguna vez se han dirigido a mí y no he podido corresponderles con la mención de su nombre de pila,
Y es que digámoslo claro, es normal no reconocer los nombres (incluso hasta resulta propio de higiene mental en algunos casos en que recuerdo la cita de Cervantes porque hay personas “de cuyo nombre no me quiero acordar”).
Lo que resulta mas preocupante es no recordar……. ¿cómo me llamo?

El tiempo nuestro recurso mas preciado

Los adultos mayores nos lamentamos de dos cosas antes de morir : de no habernos reconciliado con un familiar o amigo, y de no habernos atrevido hacer mas cosas. Si no tuviéramos miedo, en cuantas mas acciones nos involucramos.

Invertimos tiempo ocupándonos por cosas contra las que no podríamos hacer nada, y es mas , la mayoría de las veces ni tan siquiera suceden, es un desperdicio imperdonable.

Es curios que necesitemos toda una vida para darnos cuenta de lo importante que es disfrutar el momento actual.

A nuestra edad, no perdamos tiempo en pensar a largo plazo, para no perder el presente : es curioso que necesitemos vivir mas de setenta años, para darnos cuenta de lo importante  que es disfrutar el hoy y el momento actual, ya no existe .. “ haré lo que me guste dentro de unos años….”,  una esperanza en un futuro incierto.

Aun a nuestra edad debemos avanzar, retroceder, aprender y crecer.

Una veces una cosa, otras veces otra, pero siempre así. Girando constantemente hacia nuevas vivencias y aprendizajes, nuevos retos y descubrimientos, nuevos logros y nuevos errores, nuevos pasos hacia adelante, otros hacia atrás, y nuevamente hacia adelante…como en un baile en nuestra juventud.

 En este tiempo en lo personal he estado avanzando, retrocediendo, aprendiendo, creciendo. He sopesado y valorado decisiones tomadas, he reajustado acciones y hábitos, he comenzado nuevas aventuras y retomado viejos placeres… Unas veces avanzando y otras retrocediendo, pero siempre aprendiendo y creciendo, y a su vez tomando conciencia de que cada nuevo paso, sea en la dirección que sea, nunca es igual a otro anterior, y esperar con entereza el momento final .

Coprolalia, una tendencia patológica

La tendencia patológica a decir obscenidades, se denomina Coprolalia (palabra que procede del vocablo griego “copros” cuyo significado es excremento y “lalia” es balbucear).

Las malas palabras son la expresión más natural, simple y espontánea ; es de comunicación cotidiana, pero su abuso en el empleo de las groserías empobrece al español y la imagen personal, como también a cualquier idioma.

Comenzamos a decir palabrotas desde los 10 años, dominando sus múltiples significados, siendo los adolescentes quienes emplean de manera intensiva y extensiva.

En épocas anteriores, se decía que  solo la clase obrera las utilizaban , pero hoy en cualquier reunión de  amigos, de familiares y de profesionistas , es decir la gente *educada y rica* tambien se escucha con frecuencia y sin recato.

En sus usos literarios, hay un verbo que es muy controversial y que fué objeto de análisis del nobel mexicano de literatura, Octavio Paz,  siendo este “chin…r”, que lo abordó en su obra “El laberinto de la soledad” en la cual analiza el porqué usamos tanto esta expresión en el país, y también sostiene en su ensayo la “cultura matriotera”, del uso que le damos a la palabra madre, utilizada tanto para enaltecer algo como para desvalorizar, de minimizarlo en extremo.

El uso de las palabrotas  denotan un estado anímico, son parte se nuestra identidad, son cotidianas,  espontáneas , ofensivas, las decimos como respuesta ante un acontecimiento inesperado, como  sinónimos de golpe, como adjetivos superlativos y calificativos de insultos muy usados para enviarte a lugares distantes,   ofensas incestuosas, insultos homofobicos y racistas. y partes de órganos sexuales.

En conclusión hablar o escribir groserías, son la expresión de nuestras emociones, que denotan un estado de ánimo, que puede ser liberadora y catártica, pero nunca pueder ser la norma sino la excepción.