Anécdota de Biología Emocional

En ocaciones cuando se nos presenta una crisis de ansiedad, la cual nos llena de temor, de sudaciones, de tensión muscular, de desordenes gastrointestinales y respiración acelerada con palpitaciones; una medicina recomendada que leí hace tiempo en un texto de Biología Emocional, era salir a caminar de preferencia en una zona arbolada, encontrase en la quietud de la naturaleza.

La naturaleza libera grandes cantidades de energía vital y, por lo tanto, árboles, flores, la hierba… nos beneficia tanto como el contacto con los animales.

Pero también un árbol puede recibir nuestra energía, al ser abrazado su tronco con todo el cuerpo y permitir el encuentro y flujo de las dos energías.
En las tradiciones más antiguas, las personas buscaban un árbol y se abrazaban a su tronco, para transmitirle sus angustias y preocupaciones y para recibir de regreso la fuerza de la energía universal que podía curar sus enfermedades y sanar su cuerpo, abrazar un árbol, tanto en los momentos de soledad y tristeza, como en los de alegría y júbilo.

Cuando la persona se abraza al árbol entra en una comunión más directa con la el medio ambiente ; Mediante las raíces del árbol nos conectamos con la tierra, y mediante las ramas del árbol nos conectamos con el Cielo……..Nunca observamos atentamente la calidad de un árbol; nunca lo tocamos para sentir su solidez, la rugosidad de su corteza, para escuchar el sonido que le es propio.
No es el sonido que produce el viento en las hojas, ni la brisa de la mañana que las hace susurrar, sino un sonido propio, el sonido del tronco, y el sonido silencioso de las raíces.
Hay que ser sumamente sensible para captar ese sonido.
“No es el ruido del mundo, la verborrea del pensamiento, ni el ruido de las disputas humanas y de las guerras, sino el sonido propio del universo.”
Cuidemos nuestra naturaleza y recordemos que… Quien intente poseer una flor, verá marchitarse su belleza. Pero quien se limite a mirar una flor en un campo, permanecerá para siempre con ella. Porque ella combina con la tarde, con la puesta de sol, con el olor de tierra mojada y con las nubes en el horizonte.
Igual los arboles no son seres inertes…. abrazándolos en momento de angustia y desesperación, podemos sentir la fuerza y toda esa energía que irradia.
Abrazándonos a un árbol hacemos “masa “ con la tierra a través de sus raíces, descargando en ellas todos los problemas y angustias que arrastramos, a la vez que nos recargamos con una limpia y nueva energía.
Siempre que esté en nuestras manos deberíamos escaparnos a la naturaleza….. está comprobado que la naturaleza nos equilibra y motiva , y no tendríamos que sentir vergüenza por abrazarnos a un árbol , al más grande y bonito que veamos .
Yo lo hice, en presencia de mi nieto Omar, quien con ojos de asombro, no comprendía el ritual que estaba haciendo, al que le dí una pequeña explicación , denoté que no fui muy convincente, pero yo me sentí muy bien..

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