El poder de la firma

Desde la antigüedad, ha sido que un tercero no puede firmar por uno, ni estampar su huella, ya que desde entonces el analfabetismo ha obligado a que, en lugar de escribir el nombre, uno pueda estampar la huella digital y esta tenga la misma carga jurídica de la firma que suple.

Para evitar la falsificación de las firmas provocó que éstas se acompañaran de una floritura complicada, hecha con la intención de que nadie más la pudiera reproducir.
La firma es un signo personal que da fe, otorga autenticidad, y como proviene de nuestro puño y letra, está dotada de originalidad en los rasgos y trazos que acompañan al nombre.
En la adolescencia, poco antes de alcanzar la mayoría de edad, es cuando le damos forma seria a este particular sello, sin embargo, la firma no es un ente estático, sino dinámico. Hay personas que a los 60 años firma de la misma manera quelo hacía a los 18, también se dan casos en los que la firma evoluciona y se transforma hasta cambiar por completo, debido a que uno define su personalidad se termina de moldear la firma.
La firma es también la autoría de una obra de arte, un manuscrito, una corporación o denominación legal de algo.
Por último es lo que hacemos cuando nos ponemos esplendidos y sacamos la tarjeta de crédito……. O coloquialmente, cuando los hombres van a orinar.

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