Pelo chino.

Escuchando a un grupo de amigos jóvenes, describían a otro compañero como < El chino> , porque tiene su pelo rizado.
Pensaba, ¿por qué, si nunca hemos visto a un chino con el  pelo esortijado?
Investigando, sucede que el adjetivo no tiene nada que ver con los chinos de ojos rasgados; el origen lo encontramos en la palabra quechua “china”, que significa “hembra, muchacha”
Las familias españolas en la colonia, siempre tenían en sus casas “chinas” (actualmente chachas), para que se encargaran de las labores domesticas y cuidar la descendencia.
Con el tiempo, china y chino pasaron a ser nombres genéricos para la servidumbre.
Tiempo después, llegó la moda de comprar esclavos africanos, las familias ricas peninsulares, tenían un séquito de negros en sus casas y haciendas, los cuales convivían con indigenas, quienes compartían hospedaje y las tareas.
No fueron inmunes a los deseos carnales, de estos incendios sexuales surgieron las castas.
Una muy abundante fue la que se originó por el cruce de africanos, mulatos e indigenas, los que llamaron “chinos”,  obviamente desde su nacimiento estaban destinados a ser sirvientes de la casa.
Por su herencia genética africana, el pelo rizado era una característica típica y de ahí quedaría que, en Mexico, a quien nacía con este tipo de cabello se le llamaría “chino”.
Nada que ver  con los orientales de ojos rasgados y pelo lacio.

Trueque de Fe

No es el fin el juzgar como correctas o incorrectas estas prácticas, respetuosamente comentaremos de algunos de los ejemplos más visibles de esta religiosidad popular: es la práctica de las mandas, las juras y de otros «trueques de fe» está perfectamente establecida en la tradición de nuestro país —en los que profesan mayormente la fe católica—, con sus mecanismos de rezos, juramentos y pagas, obedecen a un ritual depurado y definido a lo largo de los siglos, a tal grado que la Iglesia católica las reconoce como «religiosidad popular»  —pero la señala como una reducción de la fe a un mero contrato en la relación con Dios». Una manda es una promesa hecha ante un santo, la Virgen, Jesús u otro sujeto de culto que, de acuerdo con la fe del solicitante, tiene el poder de interceder ante Dios y facilitar la realización de un milagro: recobrar la salud, de uno mismo o de un ser querido; salir airoso de una situación comprometida o peligrosa; recuperar algún objeto valioso que se daba por perdido o, incluso, a un pariente extraviado. A cambio del milagro, el beneficiario promete peregrinar al templo del santo a «pagar la manda», a veces completando algún ritual específico —bailar, vestirse como un santo o la Virgen, cargar con una imagen—, o incluso —y esto es lo que encrespa a muchos clérigos— llevando a cabo alguna mortificación, a veces brutal, de la carne pecadora: ayuno, peregrinaje prolongado a pie, «caminata» de rodillas en el atrio, e incluso, flagelación.
Por otro lado, hace un juramento o jura que es otra promesa donde manifiesta la intención firme de abstinencia de algún comportamiento nocivo —alcohol, drogas o infidelidad— ante Dios o la Virgen, en la que se solicita ayuda para poder trascender de nuestra flaqueza y no volver a caer en las garras del vicio.
Nadie querría romper una promesa hecha a tan grandes testigos.

 

06/05/16